El hombre hecho de helado habitaba su congelador en la plaza de los dulces, donde las calles estaban adoquinadas de golosinas y los cuervos de chocolate observaban a la gente pasar parados en las esquinas de los edificios. El hombre hecho de helado, al que llamaremos Heladio para hacerlo más corto, aunque su nombre completo era Doble de Pistache con Napolitano en Barquillo Super Crujiente, no era muy social con sus vecinos y conocidos. Y no es que Heladio fuera una persona hermitaña o nada parecido. No. El problema de Heladio, es que debido a su consistencia, no podia salir cuando el solo brillaba fuerte o cuando hacia mucho calor. Mucho menos ir a fiestas abarrotadas de gente. Podria derretirse y morir. Esto entristecia mucho a Heladio. Sobre todo porque el estaba perdidamente enamorado de la mujer Caramelo Morado, ala que simplemente llamare Caramelo. Cada vez que la veia pasar por la ventana, Heladio hervia, no literalmente por su propio bien, de ganas de salir y hablar con ella, abrazarla y decirle que la queria. Pero ella siempre salia a mediodía, una hora en la cual Heladio se derretiria en pocos minutos bajo el catastrófico sol.
Y así vivia Heladio, cuando salia, que era por las noches frías, platicaba mucho con el Garapiñado, un vagabundo, que a pesar de no tener ni donde dormir, era sabio y observador.
-Heladio- decia el garapiñado- Veo que Caramelo hace que te derritas por dentro, amigo mio.
Heladio era incapaz de esconder sus sentimientos, y la vainilla de su helado se sonrojo casi hasta confundirse con la fresa.
-No puedes engañar a este viejo dulce- le dijo Garapiñado- ¿Te pareceria bien que concertara una cita nocturna para ti y Caramelo?
La respuesta de Heladio es más que obvia. Al día siguiente, Garapiñado discretamente (bueno, de acuerdo, se lanzo freneticamente junto a un grupo de cuervos de chocolate y persiguieron a Caramelo hasta su casa) dejo una nota en la puerta de Caramelo. La nota le decia que se le esperaba frente al congelador a las 12 en punto, porque es a esa hora cuando el amor es más poderoso.
Ese día, Caramelo vio por primera vez fuera del congelador a Heladio. Le parecio agradable (bueno, a quien no le parece agradable un helado). Empezaron a caminar por la plaza, junto a la fuente de miel, mientras los cuervos de chocolate dormian. La platica empezo como algo común, hablaban de los tipos de envoltura de dulce, de como rellenaban a los dulces de tamarindo, del azucar glass. Poco a poco, Heladio tomo el valor de decirle a Caramelo lo que sentia. Pero como siempre, cuando el valor se siente en el estómago, se atora en la garganta, y Heladio no pudo decirle esa noche. Sin embargo, se siguieron viendo muchas noches, durante varias semanas.
Heladio no podia ser más feliz.
Una mañana, Caramelo iba caminando rumbo al congelador. Llevaba en la mano una carta. Los cuervos de chocolate no esperaban lo que iba a suceder. Unos delicnuentes de Mazapan salieron de un callejón. Empezarona forcejear con Caramelo. La estaban atacando. Los graznidos de los cuervos de chocolate hicieron que Heladio se asomara por la ventana del congelador. Heladio vio a Caramelo siendo atacada. Salió a defender a Caramelo sin importarle el sol. Arranco un pedazo de su barquillo y golpeo fuertemente a un Mazapan en la cabeza. Los demas Mazapanes dejaron de atacar a Caramelo y se concentraron en Heladio. Los golpes de barquillo dieron varias veces en las cabezas de los mazapanes. Heladio era más fuerte que ellos, era de doble bola. El último de los mazapanes salió corriendo por donde vino. Heladio había salvado a Caramelo. Caramelo levanto la vista y lo vio por última vez... Un barquillo con un charco de helado junto a el. Corrio, pero era tarde. La gente en la plaza se acerco. Un sentimiento de tristeza se apodero de todos.
Al día siguiente, todos fueron al funeral de Heladio. Garapiñado y Caramelo en primera fila. Garapiñado no dejaba de repetirse: "Pobre helado tonto, si su corazón hubiera sido tan frío como su cuerpo". Caramelo, llorando, se acerco al ataud/refrigerador. Saco de su bolsa la carta que llevaba al día anterior. La dejo lentamente y se fue. Dicen que una vez por curiosidad un ángel de arroz con leche bajo a leer la carta: "Heladio, no se que has hecho en mi. Crei que mi corazón era dulce, pero no estuve segura hasta que decidi entregartelo. Estoy enamorada de ti. Con amor, Caramelo."
El ángel tomó la carta y dijo: "Esta historia no termina aquí".